Publicado el La Nacion sección Especáculos - A boca de jarro

del Domingo 10 de julio de 2005

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"Los límites no existen, es uno mismo el que se los crea"

Marcos Corti Maderna

"Había escrito mi nombre en mi camiseta y, al verme pasar, la gente me alentaba: Go Marcos, go!, y a mí se me ponía la piel de gallina. Era el domingo 7 de noviembre de 2004 y hacía una hora que estaba corriendo la Maratón de Nueva York", recuerda el arquitecto Marcos Corti Maderna desde su casa en Miami, al teléfono.

Sin embargo, Corti Maderna no era un corredor como la mayoría de los 35000 atletas que participaban en la mítica competencia. Perdió una de sus piernas en un accidente automovilístico y fue reemplazada por una prótesis de fibra de carbono.

"Unos diez metros delante de mí, al llegar al kilómetro 27, vi una espalda con una bandera uruguaya. El hombre se iba quedando, tenía los pies pesados y respiraba agotado. Lo alcancé y dándole una palmada en la espalda le dije: ¡Vamos Uruguay! Lo dejé atrás, pero a los tres minutos me alcanzó: Gracias, muchas gracias, dijo al pasar y lo perdí de vista."

–¿Cómo llegó a participar en la maratón?

–Tuve el accidente el 18 de agosto de 2002 en los alrededores de Miami, y me internaron en el Jackson Memorial Hospital. Cuando desperté estaba rodeado por amigos y seres queridos que me preguntaban cómo estaba. Entonces, sin saber por qué, sonreí y les dije que quería ponerme bien para correr en la gran maratón de Nueva York. Es curioso, porque nunca me había interesado correr y mucho menos participar en algo semejante.

–¿Cómo sigue la historia?

–Comencé mi entrenamiento los primeros días de enero de 2004, siguiendo al pie de la letra un programa que bajé de Internet. Después lo completé, ayudado por un gran amigo –Diego La Garza Morais–, cinco días a la semana durante cuatro meses. Ayudó mucho que siempre hubiera practicado deportes, especialmente rugby. Durante años jugué en el Club Universitario Buenos Aires, primero como fullback y después como wing tres cuartos. Físicamente estaba bastante bien, el tema era cómo compensar la pérdida de la pierna con una prótesis apta para correr. De todos modos, no fue tan fácil.

–¿Qué pasó?

–Comencé a sentir lo que se denomina dolor fantasma. Esto es: pinchazos muy agudos en el tobillo y el pie... que no tenía. Me deprimía estar así, sin poder hacer nada. Entonces me puse parches en las heridas y me fui a nadar. Nadaba todos los días hasta que, finalmente, la sensación cedió y me sentí mucho más fuerte y animado.

–Le gustan los desafíos.

–Es que siempre sentí un profundo inconformismo. Una sensación de que siempre podía dar más y que las cosas podían ser mejores, a veces contrariando el sentido común. Cuando terminé el secundario se me abrían dos caminos: estudiar Economía o Arquitectura. Y aunque prácticamente todo el mundo me aconsejaba seguir Economía, yo quería ser arquitecto y eso hice. Luego me fui al exterior y trabajé en Nueva York, pero también durante un año y medio en Coatzacoalcos, una ciudad petrolera frente al golfo de México, donde todo es muy feo, salvo la gente, que es fabulosa.

–¿Qué más recuerda de la maratón?

–Cinco policías, ¡enormes!, instalados en Verezano Bridge, que al verme cruzar el puente me miraron con una gran ternura y exclamaron a coro: You are an inspiration! Y en el kilómetro 38 (todavía faltaban 4 kilómetros), las voces de aliento de La Negra, mi mujer, y de Sofía, Delfina y Agustín, mis hijos.

–¿Cuánto tiempo demoró?

–Cuatro horas y 39 minutos para cubrir 42 kilómetros. Tuve que hacer ocho paradas para quitarme la media de gel que cubre el muñón y secarme la transpiración. La gente se acercaba cada vez que me detenía y seguía mis movimientos sin perder detalle. En las primeras paradas eso me incomodaba, sentía que me faltaba intimidad, pero después me acostumbré. Mientras dura la maratón, la ciudad de Nueva York se divide en dos grandes grupos: los que corren y los que miran a los que corren.

–¿Temió no poder llegar?

–Sí, y uno tiene que estar preparado para enfrentar esos momentos. Yo pensaba en Sarah Reinertsen, que semanas atrás, el 21 de octubre, había corrido otra carrera difícil, la Ironman, que incluye tres pruebas: natación, carrera y ciclismo. Y a Sarah, desde los 7 años, le faltaba la pierna izquierda desde la rodilla.

–¿Qué enseñanza le dejó la maratón?

–Lo resumiría así: proponete lo que quieras, que si realmente lo querés, lo vas a lograr. Los límites no existen, es uno mismo el que se los crea.

Luis Aubele