Publicado el La Nacion sección Espectáculos - A boca de jarro

del Domingo 28 de Agosto de 2005

http://www.lanacion.com.ar/733739

"Los sueños nos permiten superar barreras"

Federico Young

 

"No hay nada peor que el miedo. El miedo hace que compliquemos las cosas y las hagamos inalcanzables. Haga un inventario y verá que muchas cosas son difíciles sólo porque las hemos cargado de sobreentendidos, sospechas, historias que nos contaron, pero que nunca verificamos. Si pudiéramos limpiar todo eso, veríamos cómo son y comprobaríamos que, en realidad, no son imposibles. Eso es lo que traté de hacer toda mi vida", reflexiona Federico Young.

Enfermó de poliomielitis durante la epidemia de 1952. "Yo tenía 6 años y el colegio Cardenal Newman, donde cursaba primer grado, fue cerrado por una semana por temor al contagio. En realidad, la gran epidemia vino cuatro años después y de ésa todo el mundo se acuerda", apunta.



Young es abogado, fue juez en lo civil y profesor en la Universidad de Buenos Aires. Está casado, tiene dos hijos y, además, es empresario, aventurero y candidato. "Al poco tiempo de enfermarme, mi madre falleció durante el parto del último de mis hermanos, somos 9, y así tuve que acostumbrarme a arreglármelas solo", agrega.

–¿Alguna vez se sintió discriminado?

–No, nunca fui discriminado. Pero cuando tenía alrededor de 14 años comenzaron a gustarme las chicas y a veces me sentía distinto. Entonces me amargué y deprimí hasta que comprendí que lamentándome no ganaba nada, que debía valorar lo que tenía y buscar el lado bueno del mundo. Y algo fundamental.

–¿Qué?

–Asumir que yo también era mi polio y mis bastones, que la poliomielitis era una parte de mí. Así empecé a mirar la vida de otra manera, a encontrar otras posibilidades e imaginar proyectos. A dejar de desperdiciar energías en pensar en cómo tendrían que haber sido las cosas. A veces pienso que mi actitud ante la vida es consecuencia de haber sufrido polio a los 6 años. Si me hubiese enfermado a los 20 me habría pegado un tiro. Pero tengo grandes dudas de que sea así.

–¿Por qué?

–Porque tengo amigos que enfermaron a los 20 años, o más tarde, y sin embargo son gente muy productiva. En cambio, también conocí casos de hombres que enfermaron en la niñez y están destruidos y no pueden salir.

–Hablemos de sus aventuras.

–Con un heroico Citroën 3CV crucé cuatro veces la Cordillera y atravesé el puente más alto del mundo: La Oroya, a 5000 metros, en la provincia de Junín, a 50 kilómetros de Lima. Después, trepé a Machu Picchu por Ollantaytambo, el punto más cercano a la cima al que se pueda acceder en automóvil. Luego, recorrí toda América del Sur en una camioneta Chevy Brava con tres socios: un colectivero, un mecánico y un gomero que nunca habían ido más allá de Campana. Cuando estábamos en medio de la Puna uno de ellos me agarró del cuello y me gritó furioso: "¡¿Dónde me trajiste?!" Terminamos enojados, pero el esfuerzo valió la pena. Llevábamos siempre lleno un tanque de 400 litros, porque en muchos tramos del trayecto no había dónde cargar combustible.

–¿Cómo llegó a la política?

–Un día, dos años atrás, en medio de la crisis, Ramiro, uno de mis hijos, me dijo: "Papá, dame una razón por la que yo tenga que estar orgulloso de ser argentino". ¡Me mató! Traté de salvar la situación recurriendo a la historia y a los próceres, pero sentía que lo mío era una manera de salvar la ropa, nada más. Entonces decidí que tenía que hacer algo, participar. Y así ingresé en la política. Voy a ser candidato en la próximas elecciones.

–¿Con alguna propuesta en particular?

–Uno de mis objetivos será luchar contra las barreras arquitectónicas que parecen multiplicarse cuando una persona minusválida trata de desplazarse por la ciudad.

–¿Por ejemplo?

–Me muevo en un carrito eléctrico y, hasta hace muy poco, para ir desde mi casa hasta la plaza Vicente López, que está a dos cuadras, tenía que recorrer doce. Ir hasta la avenida Santa Fe y dibujar un intrincado laberinto que, por supuesto, se complicaba los días de lluvia. Cómo sería que en 2001 le mandé una carta a Aníbal Ibarra que nunca me contestó. De todos modos, se construyen rampas en las esquinas, pero las hacen tan mal que al poco tiempo se rompen. Además no somos los únicos afectados, porque también las necesitan las mujeres embarazadas o que llevan cochecitos, los niños más chicos o los ancianos muy mayores. Lo que pasa es que no nos toman en cuenta. En cambio, en Europa y Estados Unidos existe un gran respeto por los minusválidos porque muchos de ellos son lisiados de guerra y constituyen un orgullo para la nación.

–¿Qué consejo le daría a un minusválido?

–Que tenga siempre un proyecto, un sueño. Algo para alcanzar y que lo haga realidad. Algo que lo mantenga entusiasmado. En ese aspecto los sueños nos permiten superar barreras, ordenan el esfuerzo. Nos afirman y no nos dejan bajar los brazos.

–¿Cuál es su sueño?

–Le voy a hacer una confesión: me enloquece el dulce de leche ¿Vio Charlie y la fábrica de chocolate, del gran Tim Burton? Bueno, mi proyecto es mucho menos espectacular... ¡pero sueño con abrir una fábrica de dulce de leche casero!

Luis Aubele