Publicado el La Nacion

Domingo 30 de octubre de 1994

La "utilidad" del conocer

La concepción mercantilista de la cultura actual no atiende a lo fundamental: conocer es hacer propias las experiencias de los demás y vivie en una sola vida la de toda la humanidad.

Por Guillermo Jaim Etcheverry
Frente a una cámara de televisión dialogan, mientras recorren a pie las calles de Bolonia, Florencia, Milán. De pronto el periodista pregunta a su interlocutor: "Umberto Eco, usted que tiene tan amplia cultura..." Eco lo interumpe "Cultura no. Lo que tengo es necesidad de conocimiento. Necesidad de ampliar mi propia vida que es tan breve. Porque a través del conocimiento al morir se puede haber vivido miles de vidas. Uno tiene la infancia propia, pero con sólo quererlo puede tener la de Napoleón, la de Julio César..."

Ampliar la vida. Vivir en una, miles de vidas. Ver el mundo haciendo propias las experiencias de los demás. Esa es la razón de ser del conocimiento. Porque si el hombre no siente la necesidad de conocer, queda confinado al límite estrecho de su experiencia personal. Lo hizo notar hace poco Julián Marías: el desinterés actual por la cultura hace que el hombre carezca de conocimiento histórico. Por eso no sabe dónde está, de dónde viene ni quién es. Ignorancia que lo convierte en dócil objeto de la manipulación. Porque es cierto que el hombre de hoy tiene su cabeza llena de datos y opiniones. Pero las opiniones las adquiere prefabricadas, son de otro, no pensadas. Y la avalancha de datos que lo aturde más bien aleja al hombre del conocimiento.

¿Para que sirve aprender? El interrogante no es nuevo. Hace 2300 años un jóven estudiante de geometría preguntó a Euclides: "¿Qué es lo que ganaré aprendiendo estas cosas?" El maestro llamó a su esclavo y le dijo: "Dale unas monedas, pues parece que éste debe ganar algo con lo que aprende". ¡Aquel alumno de Euclides es el que está sentado en los bancos de la escuela actual! Pocos aprenden por la experiencia irepetible y esencialemnte humana de entender, de intuir la inteligibilidad del mundo. La preocupación central de nuestra sociedad es que lo que aprenden los jóvenes les sirva. Y pronto. Pero lo que sirve está cada vez más relacionado con la vida profesional, con el ganar dinero. Después de todo, ¿para que servirán a nuestros jóvenes Platón, Cervantes, Shakespeare, Beethoven o Rembrandt?

En este mundo frío, la concepción mercantilista de la vida poda cada mañana una nueva rama de lo humano. Cuando nos mediocrizamos al desvalorar la cultura, lo más grave es que con nuestro ejemplo escamoteamos a los jóvenes la posibilidad de ser mejores personas. Que en eso consiste la cultura como la definiera Juan Pablo II: "Aquello que impulsa al hombre a respetar más a sus semejantes, a ocupar mejor su tiempo libre, a trabajar con un sentido humano, a gozar de la belleza y amar más a su creador". De alli que, concluye el Papa, "con la cultura se siembran gérmenes de humanidad".