(Contenido del Nº 11 Mayo de 1998)

Editorial

¡Los exámenes !.


(Editorial)

Con este ejemplar, escueto por demás, queremos hacerles llegar la última programación de cursos y un artículo sobre un tema que nos preocupa y sobre el que es importante reflexionar.

La urgencia de llegar a Uds. surge de la amplia oferta de cursos, días y horarios que hacemos en junio y julio próximos.

Nuevos cursos como Internet, Autocad y Excel Avanzado se están incorporando de manera sistemática en nuestro calendario. A corto plazo le seguirán cursos sobre Access y sobre diseño de páginas WEB.

Además de nuevos cursos tenemos nuevos horarios (8 a 10 y 10 a 12 hs.) y frecuencias (una vez a la semana).

Por favor no dude en llamarnos para aclarar cualquier duda sobre nuestros cursos.

 

¡Los exámenes !.

 

Examen, prueba, evaluación, ¡ ¡ ugh ! !

A muchos, estas palabras le provocan una sensación poco placentera. A alumnos (de todas las edades), a padres, a docentes y a otros que de alguna manera se relacionan con el mundo estudiantil.

¡Cuán difícil es enfrentar un examen !. Para todos, para el que aprende (y sus familiares directos) y para el que enseña. Para el que enseña, el examen que hace a sus alumnos debería ser una evaluación de su trabajo, y los resultados de este deberían ser analizados con detenimiento y no sólo transcriptos en una libreta de notas o en una estadística. Pero ahora no vamos a plantear esto, nos vamos a poner del lado del que “sufre el examen”, del lado del alumno.

Básicamente un examen es una forma de medir los conocimientos del alumno. Hoy día, que se cuestiona sistemáticamente los contenidos de los conocimientos que se adquieren en la escuela, el aprobar o no un examen no debería ser particularmente traumático. Muchas veces el aprobar o no un examen significa perder la posibilidad de ingresar a una determinada unidad académica y conlleva la necesidad de replantearse el futuro o resignarse “a perder” un año esperando una nueva oportunidad, de esos exámenes no vamos a hablar ahora. Vamos a hablar de los exámenes cotidianos que se rinden en “el colegio” e incluso en algunos institutos terciarios. ¿Que son estos exámenes ?

La pregunta anterior puede ser respondida mediante una analogía doméstica, los exámenes son una herramienta de diagnóstico, así como tomar la temperatura de una persona. Para “la fiebre” tengo el termómetro, para saber como “ando” de conocimientos tengo un examen. Si el termómetro no me asusta, los exámenes no deberían hacerlo, pero...

Ahora viene un examen de conciencia. Reclamamos a las autoridades, a los directivos del colegio, a los docentes, a nuestros hijos que reformen la educación argumentando mil razones, alguna cuestionables otras acertadas, pero ... y nosotros como padres cuando “reformaremos” nuestra mentalidad. Esto no lo decimos simplemente por ver que otros padres se preocupan y estresan en vísperas de los exámenes de sus hijos. Nos pasa a todos. Cuantas veces, cuando nuestros hijos nos dicen “mañana tengo prueba de ...” saltamos diciendo “estudia bien” y a la mañana siguiente le preguntamos “¿estudiaste para la prueba ?”. Esto es bastante cuestionable. Hasta el elogio exagerado de una calificación sobresaliente es cuestionable, no sea que creamos y le hagamos creer a nuestro hijo que hay que estudiar “para la nota”. Las calificaciones sobresalientes no aseguran ni el éxito ni la felicidad y muchas veces padres e hijos pagan un alto precio por ellas.

Volvamos a la cuestión de estudiar “para la prueba”, en la mayoría de los casos esto es un despropósito. Hay que estudiar a lo largo del año para saber algo de esa materia, poco o mucho pero algo. No como ocurre actualmente que un alumno “da el examen” y, automáticamente, en menos de 10 minutos se olvida de lo que estudió “para la prueba” (y en 24 hs. hasta se olvida de la prueba, de toda la materia y del nombre del docente).

En los últimos tiempos hemos visto con preocupación que, en el nivel secundario y en el terciario, los propios docentes hacen circular entre los alumnos exámenes o parciales tipo. El alumno, blandiendo estos infames papeles, no visita y nos dice “quiero preparar la materia Física I, estudio ingeniería, esto es lo que me van a tomar” y nos muestra el parcial o final “tipo”. Esta es una práctica frecuente en los colegios, institutos terciarios y hasta en universidades. Lo penoso es que un alumno no reconozca que atrás de la resolución de esos “cuatro problemas tipo” está toda una materia voluminosa, interesante, necesaria, etc. Los alumnos, y muchos padres, creen que lo que no se aprendió en un año durante 4 horas semanales se aprende en noviembre o marzo en cinco horas mano a mano con un profesor particular. Esta perniciosa práctica es otra de las formas de evidenciar que se estudia “para la prueba”.

Para aprender una materia y aumentar la probabilidad de salir airoso de una prueba es necesario estudiar con tiempo y esfuerzo, con el trasero pegado a una silla durante mucho tiempo. Así como para una prueba deportiva es necesario entrenarse y estar físicamente apto, lo mismo para una prueba intelectual. Cualquiera vería ridículo que una persona con sobrepeso, fumadora empedernida, calzada con mocasines de suela, vistiendo saco y corbata se dispusiera a correr la maratón Carrefour. Si además esta persona dijese “ es fácil, sólo hay que correr por las calles del barrio siguiendo al pelotón” pensaríamos que es tonto o que no está en su sano juicio.

Ahora, porqué vemos con tanta naturalidad que los alumnos se dispongan a rendir un examen mal dormidos, mal estudiados con más dudas que certidumbre sobre el tema a tratar, etc.

Para aprender una materia y que el conocimiento sirva entre otras cosas para aprobar un examen, es necesario esfuerzo y dedicación, no hay mucho más misterio. El éxito en una carrera universitaria depende más del esfuerzo y la constancia que de las luces propias del estudiante.

Volviendo al tema de los exámenes también hay que tener en cuenta factores tan relevantes como el conocimiento del examinado, que influyen en el resultado, algunos de estos factores son : nerviosismo, suerte, humor del examinador, lucidez, expectativas de los padres, etc.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que los exámenes no matan a nadie o por lo menos no deberían matar a nadie. Los exámenes se pueden aprobar o no, si nunca se aprueba un examen o las calificaciones son demasiado bajas, hay que tomar esto como un síntoma de algo que está pasando con el alumno. No hay que considerar el fracaso reiterado como una tragedia en si mismo.

 Ing. José Luis Unamuno